En esta parte del documental vemos que uno de los altos cargos de los campos de refugiados cuenta la experiencia y el modo de torturar. Es patético ver que una persona disfrutaba torturando a los prisioneros y que estuvo durante mucho tiempo disfrutando mientras veía a las personas sufrir e incluso morir, por lo que nos damos cuenta que estas personas no tienen sentimiento alguno ni respeto por la vida de las personas, aunque tienen el derecho a cambiar de opinión, pero el daño que esta persona que nos habla en la mitad del vídeo hizo, es algo que no se puede olvidar y que siempre tendrá en su conciencia.

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Es terrible pensar que estos torturadores profesionales tenían vía libre para torturar a los prisioneros cuando quisieran, en cualquier momento durante el día. Si un día estaban enfadados, podía descargar su rabia contra los prisioneros, torturándolos o haciendo lo que ellos quisieran en aquellos momentos. Había suficientes prisioneros como para hacer este tipo de prácticas cada vez que se quisiera.

Siempre es terrible conocer la realidad, pero esto nos hace ver una vez más que este régimen fue y es un terror en sí mismo, donde el valor que se le da a las personas es nulo y además los sentimientos hacia cualquier persona es ninguno. A pesar del secretismo de Corea del Norte, gracias a las experiencias de los protagonistas, nos enteramos de lo que ocurre en este país, que más que un país es uno de los lugares más terroríficos para poder estar.